A mis 22 años de edad expresé esta frase con un dejo de orgullo y un mucho de asombro.

A poco más de una década después la sigo empleando, ahora con un significado muy personal y satisfactorio.

“He olvidado más de lo que sé.”

Sonaba tan maduro, sofisticado, poético … arrogante … pretencioso.

A esa edad, y con ya 3 años de experiencia profesional (ya sé, algo poco común), la dije en referencia a no poder recordar una habilidad que mi jefe juraba e insistía que yo sabía y que incluso hasta había realizado antes.

Quizás porque en esa época me dedicaba a aprender todo y cuanto podía, emulando a mis héroes de infancia: Da Vinci y Holmes. (Gracias papás por no darme a leer literatura basura en mi infancia. En serio, gracias).

Pero esas ansias de aprender y acumular información resultaban ser fútiles, de nada servía acumular datos si no podía echar mano de ellos.

Tuve que aprender a convertir los datos en información y estos en conocimientos. Y la mejor forma para esto fueron 4 sencillos pasos: análisis, uso, explicación y olvido.

No bastaba con leer, debía comprender; tenía que tener un uso, actual o futuro; y si no podía explicárselo a alguien era porque sencillamente no lo había asimilado; y de ahí a “olvidar”.

¿Por qué olvidar?

Porque el que tiene hambre en pan piensa; el que tiene a la mano solo el martillo a todo le ve forma de clavo. El olvidar como medida de no precipitarse.

Así una frase que, surgió como respuesta ocurrente, hoy es parte de mi ADN de trabajo y continuó aprendizaje.

El arte radica en saber como resucitar del olvido lo aprendido… Es un arte llamado a veces: creatividad.

 

Be water my friend.