Este artículo fue escrito originalmente para DOGMA, comunidad de la que formo parte activa como columnista. 

En muchas ocasiones cuando se toca el tema de la publicidad se termina hablando sobre como ésta altera la realidad en favor de su producto o servicio, lo cual, sobre todo en antaño, es cierto.  Esta practica era común, recurrente por publicistas que creían que la libertad interpretativa ayudaría a las ventas, pero actualmente sabemos que lo único que consigue es fracturar la confianza del consumidor y denotar la falta de ética en la campaña publicitaria.

Pero existen espacios intermedios entre la percepción y la realidad, entre mentirle directamente al cliente y la imagen que ellos crean de ti. Son muchas las ocasiones en que el cliente ya tiene una idea preconcebida sobre quien eres, ya sea como marca, empresa o, incluso, como persona. Se crean etiquetas colectivas que pasan de boca en boca y con las cuales eres catalogado, sin tú siquiera saberlo. Todos tenemos en la mente un restaurante que consideramos es caro cuando ni siquiera hemos ido ni checado su lista de precios, una película que es mala aunque nunca la hayamos visto, un arquitecto que es “excelente” cuando no hemos sido clientes suyo, etc.

Estos prejuicios que elaboramos no siempre nos llegan por medio del famoso “boca en boca”, es más probable que hayan sido creados por nosotros mismos en respuesta a lo que hemos percibido. ¿Pero quién puede culpar al cliente de que la percepción de nosotros sea erronea o que sea diferente a lo que queremos proyectar?

Guardar las apariencias

Cada vez que veo a empresas aplicando estrategias que conllevan a aparentar un tamaño o habilidad increíblemente superior a la competencia no puedo dejar de asociarlo con las campañas acontecidas durante la Guerra Fría (1945 – 1991), donde incluso la verdadera carrera no eran ni la armamentista ni la espacial, sino la carrera mediatica y de contra espionaje en pro de crear una imagen poderosa ante el resto del mundo.

Sé que suena un poco exagerado, pero en esencia es lo que hoy en día se busca crear por medio del Branding, las Relaciones Publicas y la Publicidad. En un presente donde no impera la otrora hostilidad entre marcas pero donde existe una saturación de ofertas que tienden a que marcas lleguen a perderse en este mar de competencias. De aquí la importancia de generar un Poder de Marca, una reputación o prestigio.

Y no es para menos, hoy más que nunca vivimos en un mundo donde la especulacióngenera valor. Traslademos esto al mercado bursátil, lo importante que es incluso un rumor en el valor de las acciones de una compañía, como llegan a fluctuar por la “información” que se recibe, tanto a favor como en contra. Un ejemplo de esto sería Facebook y su efecto burbuja en la bolsa. Otro ejemplo de la importancia y los esfuerzos por aparentar son las empresas dedicadas a la venta de followers (un atajo que solo conlleva a resultados infructuosos), ya que por solo US$ 29.00 se pueden conseguir 1,000 seguidores. Es decir, se busca valor aparentando algo que no existe.

Concluyendo, no es necesario recurrir al fraude para construir una imagen poderosade nosotros mismos o de nuestra marca. Se deben plantear antes que nada cual es laIdentidad de Marca y apegarse a ella. Entender que somos el resultado de la suma de acciones congruentes que realizamos y de las cuales el cliente se da cuenta. No es limitar el trabajo publicitario, al contrario, es que la estrategia sea reforzar los atributos reales, respaldar las promesas de Marca con acciones que las cumplan; sobre todo, no escatimar en nuestra imagen, ya que es la primera impresión que causamos y sobre todo lo que refuerza o desmiente las etiquetas que nos han asignado.

Preguntate constantemente:

“¿soy realmente lo que quiero ser en la mente del consumidor?”

Y si no sabes que percepción tienen de ti, ¡averígualo!, será la mejor inversión que puedas hacer. No dejes que el público interprete lo que eres, se tú quien se lo explique.

Crea una estrategia de comunicación, no basta con recurrir a los medios, tienes que tener un contenido, un mensaje que quieras trasmitir, saber que antecedente hay de ti (incluso cuando crees que la respuesta es: ninguno) y sobre todo conocer a quien vas a dirigirte.

Por último, si en realidad eres grande, no tengas miedo a decir que tan grande eres, la falsa modestia no tiene cabida en una competencia. Se objetivo, te mantendrá consiente de lo que necesitas para seguir creciendo.